La imagen de los tres líderes durante el desfile militar del 3 de septiembre de 2025 proyectó poder y cercanía política. Cada uno obtuvo un beneficio distinto de compartir escenario.
La presencia de Xi Jinping, Vladímir Putin y Kim Jong Un en Pekín convirtió una conmemoración histórica en una escena de alcance geopolítico. China celebraba el 80.º aniversario de la victoria sobre Japón y el final de la Segunda Guerra Mundial, mientras exhibía su modernización militar ante invitados internacionales.
Para entender el peso de aquella fotografía conviene distinguir lo que mostró de lo que permite concluir: los tres líderes exhibieron cercanía, pero esa imagen no estableció por sí misma una alianza militar trilateral.
Xi: China en el centro
Como anfitrión, Xi combinó dos recursos de poder: la exhibición de armamento y la capacidad de reunir a dirigentes extranjeros. La lectura editorial es que Pekín buscó presentarse como un centro de influencia capaz de disputar a Washington protagonismo en el orden internacional.
La conmemoración también permitió vincular el papel histórico de China en la guerra con sus ambiciones de reconocimiento como potencia.
Putin: una imagen contra el aislamiento
Para Putin, compartir escenario con Xi y Kim sirvió para mostrar que Rusia mantiene relaciones relevantes pese a su confrontación con Occidente por la guerra en Ucrania.
Ese respaldo tuvo una expresión concreta durante la visita: el mandatario ruso agradeció la participación de tropas norcoreanas en apoyo a Rusia, mientras Kim reafirmó su disposición a ayudar a Moscú.
Kim: mayor espacio diplomático
Para el líder norcoreano, aparecer junto a los presidentes de China y Rusia amplió su visibilidad internacional. La visita también le permitió coincidir con otros dirigentes y reforzar la imagen de que su gobierno conserva interlocutores de peso.
Desde esta perspectiva, Kim obtuvo reconocimiento político y una plataforma diplomática excepcional.
El mensaje y sus límites
La interpretación central es que los tres proyectaron capacidad para resistir presiones y fortalecer sus relaciones. Para Estados Unidos y sus aliados, la escena planteó la necesidad de considerar cómo esos vínculos pueden influir en distintos conflictos.
Sin embargo, sus intereses no son idénticos. China debe equilibrar su cercanía con Moscú y Pyongyang con sus propias relaciones económicas y diplomáticas. La cooperación ruso-norcoreana tampoco convierte automáticamente a Pekín en participante de todos sus compromisos.
Aquella fotografía mostró una convergencia política significativa. Afirmar que anunció una guerra o un compromiso automático de defensa entre los tres iría más allá de lo demostrado.

