Guatemala enfrenta un nuevo riesgo para su seguridad alimentaria ante los efectos del fenómeno de El Niño, que podría agravar las condiciones de sequía y afectar la producción de granos básicos durante los próximos meses.
De acuerdo con proyecciones de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN), alrededor de 3.2 millones de personas, equivalentes al 17% de la población del país, podrían encontrarse entre julio y septiembre de 2026 en una situación de inseguridad alimentaria aguda de Fase 3 o superior.
El escenario se complica debido a las condiciones climáticas que afectan a las comunidades que dependen principalmente de la agricultura. Las sequías y las variaciones en las lluvias pueden provocar pérdidas de cultivos, reducir las reservas de alimentos y dificultar los ingresos de las familias campesinas.
El Congreso de Guatemala ya había advertido sobre los posibles efectos del fenómeno de El Niño, particularmente en zonas del denominado Corredor Seco, donde las variaciones climáticas han generado afectaciones importantes para productores y familias que dependen del campo.
A nivel internacional, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) también alertó que un episodio fuerte de El Niño podría incrementar considerablemente el número de personas que enfrentan hambre aguda en distintas regiones vulnerables. Para Centroamérica, el fenómeno representa un riesgo adicional debido a los posibles déficits de lluvia y daños en la producción agrícola.
Ante este panorama, las autoridades guatemaltecas han comenzado a implementar medidas para atender a las familias en mayor situación de vulnerabilidad. En junio, el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional aprobó una propuesta para entregar alimentos fortificados a hogares afectados y fortalecer las acciones de atención alimentaria.
El reto será contener el impacto de las condiciones climáticas antes de que las pérdidas agrícolas y la reducción de las reservas de alimentos profundicen la crisis durante los próximos meses.

